La complejidad del cerebro es un arma de doble filo. Por una parte somos tan flexibles y sutiles que creamos, soñamos e inventamos. Por otra, somos propensos a viajar en el tiempo, a presentir y a temer. Las mismas capacidades que sirven para la creatividad pueden atarnos de pies y manos a lealtades trasnochadas y miedos inventados.
Para protegernos, ponemos en pie defensas milenarias que ya no son necesarias: no hay peor cárcel que la que construimos nosotros mismos con los límites autoimpuestos y la negación de la vida fluida e incierta.
Elsa Punset.
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